sábado, 27 de marzo de 2010

De pronto apareció por uno de los pasajes del patio 29 un tipito delgado, con el pelo no se si medio engominado o francamente grasoso. Iba con unas florcitas medio mustias, pero llenas de un languido encanto cuando se detuvo frente a una cruz. Las dejó caer al suelo al tiempo que se le saltaban los ojos y entreabría la boca. Cualquiera hubiera dicho que tropezó con el diablo.
O quizas con su propia tumba,
de tipito empobrecido,
abrazado por la muerte antes de que conociera la vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario